Cómo comerte una vaca
Imagina que llevas días sin comer.
Estás muerto de hambre.
Y alguien te planta delante una vaca de 600 kilos.
Hay una condición.
O te la comes entera o no puedes probar ni un solo bocado.
¿Qué harías?
Probablemente nada.
Porque nadie puede comerse una vaca entera.
Ni aunque sea Rubia Gallega.
O Morucha (que no Morocha).
A pesar de estar muerto de hambre el cerebro hace un cálculo muy rápido:
“No hay ninguna posibilidad de conseguirlo.”
Y ese mismo cálculo lo hacemos todos los días.
Con un libro que queremos escribir.
Con una empresa que queremos montar.
Con una maratón de montaña que nos gustaría correr.
Con aprender chino mandarín.
Con perder peso.
Y con cualquier proyecto que parece demasiado grande.
Porque por regla general, somos impacientes y queremos conseguir las cosas de inmediato.
Nos cuesta asimilar el concepto de “largo plazo”.
Porque, efectivamente, supone trabajo diario, constancia, disciplina, esfuerzo y dedicación en el ahora.
Ahora piensa tú.
¿Cómo te puedes comer una vaca?
Primero tendremos que comernos un filete de la vaca.
Y ese filete a trocitos para poder masticarlo despacio y tragarlo sin atragantarnos.
Haz que tu cerebro sólo se enfrente al siguiente bocado.
No he conocido a nadie que aprenda un idioma entero en un día.
Pero sí puedes aprender una palabra nueva cada día.
Ahí es donde está el truco.
No es que los grandes objetivos se consigan poco a poco.
Es que solo pueden conseguirse poco a poco.
Pensamos que nuestro objetivo es correr una maratón de montaña.
Cuando el objetivo debería ser comer y beber en el primer avituallamiento del km 5.
Pensamos que nuestro objetivo es escribir un libro.
Cuando el objetivo es escribir una página, un texto o un email.
Pensamos que nuestro objetivo es perder 20 kg.
Cuando el objetivo es decidir qué comes hoy.
Los japoneses llevan siglos poniendo nombre a esta idea: Kaizen.
La mejora continua basada en pequeños cambios sostenibles.
Nada de revoluciones.
Nada de empezar diez hábitos el lunes.
Nada de transformar tu vida en un fin de semana.
Solo pequeñas mejoras sostenibles que puedes repetir mañana.
Y pasado mañana.
Y el siguiente.
Y el otro.
Porque las personas solemos sobreestimar lo que podemos hacer en una semana y subestimar lo que podemos hacer en un año.
La próxima vez que tengas delante un proyecto que parezca imposible, no mires la vaca.
Solo busca el primer bocado.
Y no te empeñes en tragártela de una sola vez.
Un abrazo,
Sebas.
PD: Si eres vegetariano, puedes cambiarlo por “cómo comerte una sandía”. La filosofía sigue siendo la misma.
PD: Que alguien saque a bailar a la Morucha que se muuuuu de ganas


Algunos hábitos se integran rápido; otros necesitan meses. No por falta de disciplina, sino porque cada hábito tiene su propia complejidad.
No es lo mismo ajustar un gesto que transformar un patrón.
Los hábitos se construyen cuando la acción tiene sentido, cuando el entorno acompaña y cuando nos tratamos con cierta paciencia.
No cuando el calendario marca el día 21.
Me encanta la analogía de la vaca, Sebas. El cerebro, que es vago por naturaleza, se bloquea cuando piensa en subir toda la escalera en lugar de centrarse en el primer escalón.
En la práctica, ese "siguiente bocado" es la diferencia entre arrancar o quedarse congelado en la parálisis por análisis. Moverse a trocitos de 1% diario es la única forma real de construir algo sostenible a largo plazo.
Un abrazo y buenísimo el cierre con la Morucha, aunque aborrezca la canción.