El poder de las 3 P
Un amigo (no diré nombres) me dijo hace unos días que se había apuntado al Hyrox de Valencia.
Llevaba años sin correr.
Años.
Y su estrategia fue salir el primer día como si le persiguiera Liam Neeson.
10 km, burpees, sentadillas. Lo dio todo.
Al día siguiente descubrió que sentarse en el váter también requiere músculos.
Tres días con agujetas.
Una semana después, el plan de entrenamiento ya descansaba junto a otros grandes clásicos como aprender inglés, meditar a diario y hacerse rico invirtiendo.
Cuando me lo contó, remató con la frase:
“Es que no tengo tu fuerza de voluntad”.
No.
El problema no es tu fuerza de voluntad.
La mayoría de gente que fracasa es por venirse arriba.
Por querer hacer en una semana lo que lleva años sin hacer.
Si quieres abandonar rápido, hay una receta infalible: ponte objetivos enormes, exige perfección y mide tu valor personal por lo que hagas durante los primeros cuatro días.
Funciona de maravilla.
Si, en cambio, quieres que algo dure más de dos semanas, te presento a las 3 P:
Prudencia.
Paciencia.
Perseverancia.
La prudencia nos indica que un hábito tiene que ser factible.
Si te marcas un hábito demasiado costoso, será muy difícil de conseguir, por lo tanto, prudencia a la hora de elegirlo.
No es lo mismo empezar a caminar todos los días 1 km que ponerte un objetivo de 10 km diarios.
El primero lo vas a conseguir y te animará a ir creciendo, el segundo es probable que no lo cumplas y abandones el jueves.
La prudencia implica aceptar que al principio eres peor de lo que te gustaría creer.
La paciencia porque esto es un maratón, no un esprint. Y casi todos corremos el maratón a ritmo de 100 metros lisos. Salimos disparados, nos quedamos sin aire y llega la desmotivación.
Y la perseverancia es la clave, consiste en repetir cuando ya no apetece. Por mucho que te cueste y especialmente al principio, en la fase de construcción, la repetición es la clave para automatizarlo y, de ese modo, conseguir que forme parte de ti.
Y hay un detalle que casi nadie aplica: cuando cumples el hábito, celébralo.
Por pequeño que sea.
Como Nadal cuando gana un punto y levanta el puño. Ese pequeño “toma” no es tontería: tu cerebro asocia el esfuerzo con la recompensa, y eso es lo que hace que mañana quieras repetir.
¿Cómo empezar?
Haz una lista de los hábitos que te gustaría incorporar.
Ordénalos de más fácil a más difícil.
Elige el más fácil. El que casi te da vergüenza de lo sencillo que es. Ese.
El que de verdad te quita el sueño, el importante, el que llevas años peleando: déjalo para más adelante.
No porque no importe, sino porque todavía no estás preparado.
Volverás a por él cuando tengas 5 o 6 hábitos pequeños debajo dándote músculo.
Y para arrancar, baja el listón hasta al suelo.
¿Quieres escribir?
Abre el documento.
No escribir un capítulo.
Abrir el documento.
¿Quieres entrenar?
Ponte las zapatillas.
No completar una rutina de una hora.
Ponerte las zapatillas.
Porque la batalla difícil siempre es empezar.
Y porque la gente suele imaginar que el éxito consiste en hacer cosas extraordinarias.
Cuando en realidad consiste en hacer cosas normales durante mucho tiempo.
Esta semana, prueba un hábito ridículamente pequeño.
Y cuando lo hagas, levanta el puño.
Un abrazo,
Sebas.
PD: Y controla a tu ego. Quiere empezar fuerte porque no sabe sostener nada.

